Enviado por: Andrea Ospina Hernandez. Psicóloga. Especialista en gerencia de Salud Ocupacional

Todos los padres con nuestra propia idea sobre la crianza de los hijos. Esta concepción se encuentra inmersa en nuestra historia personal, la manera como fuimos criados, así como por las exigencias sociales actuales y también, por las características del hijo que nos ha tocado tener. Además necesitamos sortear también, con las expectativas de nuestra pareja, para llegar a acuerdos y formas sanas comunicación y llevar a buen término esta empresa de la que somos responsables.

En lo que se refiere al bienestar de los hijos, siempre estamos tratando de dar lo mejor, en lo material, emocional, físico y espiritual. No escatimamos esfuerzos para intentar hacer de nuestro papel, el mejor, contar con disponibilidad, paciencia, comprensión, etc.

En infinidad de situaciones, he escuchado a padres y madres decir: YO QUIERO QUE MI HIJO SEA FELIZ! Es un buen deseo, todos queremos que nuestros hijos tengan un sentimiento de confianza, de seguridad, que se sientan queridos, amados y apreciados. Sin embargo, la gran mayoría de los progenitores, se debaten, en el cómo.

Es imprescindible tomar en cuenta que les estudiosos del desarrollo plantean que una de las maneras más importantes de lograr triunfar en la vida, de ser mejores personas o bien, de querernos a nosotros mismos, es el fenómeno de la autoestima.

Qué es la autoestima?

La autoestima, es ante todo, el gusto, el amor, el aprecio y el sentimiento de respeto para mi propia persona. Se encuentra vinculado al valor que yo le doy a mi persona, a mis cosas, a mi vida.

No podemos confundir, el falso orgullo con la autoestima, esta última, está cimentada, en un respeto profundo por mi persona. Cuando tenemos el privilegio de contar con una buena autoestima, la observamos, en:

La elección de los amigos.

En el cuidado que ponemos a nuestras pertenencias.

El establecimiento de límites, sobre todo, frente aquellas situaciones o

personas que nos pueden hacer daño.

La autoestima también se va formando mediante la posibilidad de ir descubriendo los talentos propios, así como aquello para lo que no somos tan aptos, en este sentido, las Inteligencias Múltiples, nos pueden dar una guía de quiénes somos y cuáles son las habilidades que nos distinguen.

Cuando somos capaces de alentar los logros y premiarlos, así como de que nuestros hijos se vayan reconociendo en sus propios éxitos, en esa medida, se va consolidando, la autoestima, como un proceso real, no como un falso Yo, que cree que se merece todo, que quiere todo y que además no apreciada nada de lo que se le da.

En una época, cómo es la actual, pareciera, que algunos padres, se lanzan a la adulación del hijo frente a comportamientos mediocres y sin calidad. Otros, los sobreprotegen, y no les permiten vivir sus propias consecuencias. En realidad, contar con una buena dosis de autoestima, por paradójico, que parezca, se requiere de contar con cierto grado de tolerancia a la frustración.

La gran mayoría de los padres en la actualidad, sufren, junto con sus hijos, cuando por alguna razón sufren. Y se lanzan a la tarea de compensar su descontento. Ya sea con cosas materiales, evitando el asunto, o bien, compensando su dolor.

La única manera en la que los hijos pueden sustentar una base sólida en sus personalidades, depende de varios factores:

· Necesitamos ayudarlos a que confíen en ellos, en sus capacidades y en su capacidad para resolver los problemas y conflictos, que a su edad, puedan tener.

Que se sientan seres capaces de ser amados y valorados por lo que ellos son, no por lo que a mí me gustaría que hicieran.

Permitirles que se equivoquen, que tengan sus propios errores, que aprendan de ellos, además de que puedan crecer junto con lo que aprenden.

Ligado a ello, se encuentran los factores relacionales en lo que se refiere a nuestros hijos. No basta con desear que nuestros hijos sean felices, es también importante conocer:

· Sus estados emocionales: con frecuencia los padres no están dispuestos a tolerar ni los enojos, ni las angustias que los niños puedan sentir.

La manera en cómo les hablamos es fundamental en la estructura de la autoestima. Cómo me dirijo a mis hijos: con desprecio, agresivamente, de manera enérgica, con exigencia.

Cuáles son mis estados emocionales, que como padres, también tengo.

Formas y maneras como se ejerce la disciplina: de manera consistente, intermitente, o de plano, vamos por la vida según lo que nos dicte el día.

· Las relaciones entre los padres también influyen en este proceso: cómo se llevan, cómo se dirigen el uno al otro, cuáles son los patrones que rigen la relación amorosa, etc.

· En los últimos años, se ha venido hablando sobre los diversos métodos que es importante llevar a cabo en los métodos de disciplina, y educación para los menores. Algunos padres se sienten confundidos y perplejos, no atinan a cómo mantener una postura firme, en el momento de disciplinar a sus hijos.

No se trata solo de ver la felicidad, sino de construir un ambiente que permita al niño sentirse seguro, confiado, amado, con límites y en un contexto predecible y constante para ellos.

La felicidad de los hijos no depende sólo de lo que los padres hagan o dejen de hacer. Cada hijo, cuenta con su propia percepción y manera de comprender el mundo. La realidad, es que la felicidad es uno de los aspectos en la formación de los menores.

También requerimos formar hijos responsables, con responsabilidad social hacia otros, capaces de comprometerse en sus responsabilidades, con las de la familia, la escuela y en general, en lo social.

No podemos prescindir de los otros en esta vida humana. Aprendamos a encontrar la felicidad, también en el servicio y no solo en lo personalista

Fuente del artículo http://www.articulo.org/5359/cecreto

Andrea Ospina Hernandez

Psicóloga

Especialista en gerencia de Salud Ocupacional

licencia 0117

Universidad Santiago de Cali.